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viernes, 30 de diciembre de 2011

accidente

¡al fin un lindo accidente!
el océano, en un movimiento de báscula, se quedó de pie.
¡ah, qué gran mapa tenéis ahí, y cómo ondula!

henri michaux. de frente a los cerrojos, 1954

jueves, 6 de mayo de 2010

diploma de sensibilidad circular

A los candidatos al diploma de sensibilidad circular no es al teatro a donde se los lleva, sino a la calle, a lugares donde subsiste la miseria, o a lugares donde, por el contrario, reside el bienestar y la monotonía de la existencia sin altibajos y donde parece que no hay nada que sentir. Este es el suelo adonde se los lleva, a fin de ver qué trufas detectarán.
La prueba de la calle no es fácil aún cuando la suerte propicia os ofrezca transeúntes simples e interesantes a primera vista. Es preciso sentir rápidamente, enganchar a uno, o largar tan pronto el gancho en provecho de otro más importante por conocer y que pasa rozando el muro. Si el estudiante no ve a los transeúntes más que por lo exterior, en bocanadas de desdicha, si no engancha a los petrificados en sí mismos, a los que un viejo sentimiento encapsuló hace veinte años, un sentimiento del cual ya no pueden liberarse, mala nota para el candidato, mala nota; observamos entonces su rostro como una mano que atrapa, que no atrapa, que da, que no da... que da poco.

Henri Michaux, de Aquí, Poddema, 1946

lunes, 3 de mayo de 2010

respirando

A veces respiro más fuerte y al punto, con la ayuda de mi continua distracción, un mundo se levanta con mi pecho. No digo el África, pero sí grandes cosas.
El sonido de un violoncelo, el ruido de una orquesta en su conjunto, el jazz estrepitoso a mi lado, caen en un silencio cada vez más profundo, profundo y sofocado.
Su ligero rasguño colabora (a la manera como un millonésimo de milímetro colabora en la formación de un metro) en la formación de esas ondas que se engendran por todas partes, que se parapetan, que constituyen el contrafuerte y el alma de todo.

Henri Michaux, de La noche se agita, 1934

viernes, 12 de junio de 2009

situaciones y allí, una calle sonámbula...

en la situación había efervesencia. en mi temperamento había serenidad. ¿cómo unirse?
luego la situación cambió.
hubo coagulación y llamado a la coagulación.
también allí estaba nuestra incompatibilidad. mi núcleo es duro, me gusta que sea duro. mientras tanto, la vida seguía su inexorable camino, corto y ordenado.
luego hubo una situación con manojos (y con flores). eso tampoco me convenía, y el tiempo seguía pasando.
por fin, una vez pasadas esas épocas y muchas otras más que siguieron, se encontró una situación, y en ésta había tranquilidad.
pero como desde hacía mucho tiempo toda calma había desaparecido de mí, vacilando ahora y agitado, no la reconocí, o la reconocí como una vieja situación con quien se sabe que hay algo que no anda.
así, la situación fue como si no hubiera sido, y desapareció a su vez antes de que me hubiera casado con ella.

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allí, una calle sonámbula a su vez deambula en la noche, serpenteando sin despertarse, movida tal vez por un pensamiento oculto.
serpenteando así la callecita oscura se encuentra con otra calle sonámbula que se estira por su lado... vacilan en cruzarse. vacilan en asirse.
algunos humanos se despiertan angustiados en la calle marchante, mientras el movimiento serpentino aumenta cada vez más, y, por fin, se enlazan y enredan las calles con los paquetes de mujeres horrorizadas en las ventanas, y se enroscan una sobre otra en rizos múltiples hasta que un sueño profundo vuelve a apoderarse de esas caminatas interminables a las que mañana no se volverá a encontrar en su sitio acostumbrado. al menos, es posible pensarlo.

henri michaux